La representación de la divinidad en la poesía de Francisco Carrillo Espejo
The representation of the divinity in the poetry of Francisco Carrillo Espejo
Pilar Derteano Galdos
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Ponticia Universidad Católica del Perú, Lima, Perú. Email: pilar.derteano@pucp.pe; pilarderteanogaldos@gmail.com
Recepción: 10/03/2020; Aceptación: 15/06/2020
Resumen
El artículo desarrolla la representación de la divinidad en la poesía de Francisco Carrillo a partir del
análisis de sus poemarios Provincia, Cuzco, Pequeños poemas comprometidos y Cristo se ha llevado
toda la humildad del mundo. En estos, la gura de Dios aparece frecuentemente y evoluciona en
su papel desde ser el centro articulador de la vida social en Provincia y Cuzco, hacia una divinidad
caracterizada por su asociación con la belleza, el consuelo, los ideales y valores agustinianos. Este
es el caso de Cristo se ha llevado toda la humildad del mundo, en el que se desarrolla la humildad
como un ideal imposible para el hombre y, en particular, para el poeta. El desarrollo de este ideal es
compatible con la teología de la humildad ontólógica del hombre de San Agustín, “Ipsa est perfectio
nostra, humilitas” (Nuestra perfección es la humildad). En esta, como en el poemario, la humildad es
la virtud de Cristo, y Carrillo desarrolla la imposibilidad del hombre/poeta para llegar a la humildad
verdadera. Este contraste entre la perfección divina y las carencias humanas se ve reejado en la
pertinencia de la escritura. Asimismo, el artículo analiza esta representación de la divinidad en su
contexto poético, al diferenciarse del Dios de César Vallejo o el liberacionismo teológico de Antonio
Cisneros, entre otros.
Palabras clave: Francisco Carrillo, poesía peruana, divinidad, dios, humilitas, humildad, Agustín de
Hipona.
Abstract
The article develops the representation of the divinity in the poetry of Francisco Carrillo from the
analysis of his poetry books Provincia, Cuzco, Small Committed Poems and Christ has taken all the
humility of the world. In these, the gure of God appears frequently and evolves in its role from
being the articulating center of social life in Province and Cuzco, towards a divinity characterized
by its association with beauty, comfort, Augustinian ideals and values. This is the case of Christ has
taken away all the humility of the world, in which humility develops as an impossible ideal for man
and, in particular, for the poet. The development of this ideal is compatible with the theology of
the ontological humility of the man of Saint Augustine, “Ipsa est perfectio nostra, humilitas” (Our
perfection is humility). In this, as in the poetry book, humility is the virtue of Christ, and Carrillo
Revista Tierra Nuestra
ISSN 1997-6496 (Versión electrónica)
Website: http://revistas.lamolina.edu.pe/index.php/tnu
© Facultad de Economía y Planicación, Universidad Nacional Agraria La Molina, Lima, Perú.
Tierra Nuestra, 14(1): 21-24(2020)
Forma de citar el artículo: Derteano, P. 2020. La representación de la divinidad en la poesía de Francisco Carrillo
Espejo. Revista Tierra Nuestra 14(1): 21-24(2020).
DOI: http://dx.doi.org/10.21704/rtn.v14i1.1498
Autor de correspondencia (*): Derteano, P. Email: pilar.derteano@pucp.pe; pilarderteanogaldos@gmail.com
© Universidad Nacional Agraria La Molina, Lima, Perú.
La representación de la divinidad en la poesía de Francisco Carrillo Espejo
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develops the impossibility of the man / poet to reach true humility. This contrast between divine
perfection and human deciencies is reected in the relevance of the writing. Likewise, the article
analyzes this representation of the divinity in its poetic context, as it diers from the God of César
Vallejo or the theological liberationism of Antonio Cisneros, among others.
Keywords: Francisco Carrillo, Peruvian poetry, divinity, god, humilitas, humility, Agustín de Hipona.
Introducción
Al estudiar la obra de Francisco Carrillo (Lima,
1925 Huancayo, 1999), lo más notable es lo
poco mencionado que es este autor por su poesía
en contraposición a la gran cantidad de artículos
que reseñan, analizan y admiran su obra como
académico. Carrillo escribió siete poemarios, que
fueron publicados en revistas literarias y folletines
de la época y como libros que recopilan varios
de estos. Sus obras poéticas listadas de forma
cronológica son: Provincia (1959), En busca del
tema poético (1960), Cristo se ha llevado toda
la humildad del mundo (1961), Cuzco (1962),
Brevedad del amor (1963), Yaravíes (1964) y
Pequeños poemas comprometidos (1967).
Se estudiará sus poemas tal y como fueron
editados en su edición recopilatoria En busca del
tema poético, que incluye todos sus poemarios
entre 1959 y 1964, además de “Pequeños poemas
comprometidos”, editado por La Rama Florida
(edición de Javier Sologuren) en 1967, que
incluye poemas de Brevedad del amor.
De sus obras, una de las temáticas más
frecuentes y continuas es la divinidad. Carrillo
alude a Dios desde distintas perspectivas en sus
poemarios, todas ellas muy particulares dentro
de la tradición poética peruana. Por ello, para
efectos del presente artículo, se subdividirá tres
fases distinguibles en dicha temática en su orden
cronológico. En primer lugar, se abordará el
Dios telúrico y tradicional; en segundo lugar, la
transición hacia un intelectualismo y alejamiento;
y en tercer lugar, la divinidad intelectual y
académica que involucra la ontología y la teología
de la “humildad ontológica del hombre” de San
Agustín a partir de Cristo se ha llevado toda la
humildad del mundo. Finalmente, se contrastará
la aproximación a la divinidad planteada por
Carrillo con otros poetas y poemarios que
abordan la divinidad de formas diversas y que
conguran la tradición poética peruana.
1. El Dios de su tierra
La divinidad asociada a los ritos y costumbres
es presencia constante en los primeros poemarios
de Carrillo. Es eje organizador social de la vida
provinciana como él la entiende, pero también
es el ideal contra el que contrasta las hipocresías
diarias con las que convive. Dios está presente
pero ensimismado, lejano, no se comunica. Es
parte del paisaje y de la calma del pueblo.
I
“Libro abierto, volcado, derruido;
la alcoba arrinconada en el espacio;
la calle silenciosa, almidonada
por la luna alegórica y mediana.
Sencillo, el corazón se me desploma
por la ventana cuando un perro ladra;
Dios, ensimismado, se retrae
en la difusa soledad del panorama.” (Provincia,
1959)
Asimismo, Dios, las campanadas, la catedral,
el cielo, la tierra y el pueblo como paisaje son
un mismo ente que bendice las costumbres y
movimientos del pueblo en un mundo quieto y
lejano que llega a su esplendor cada mañana.
“Las seis. La catedral bendice / el himno matinal
del campanario…” (III, Provincia, 1959).
Por otro lado, ese Dios omnipresente está
callado frente a las hipocresías y pecados de
sus eles, destacan las referencias a las sabidas
actividades carnales de los religiosos en los
poemas II y IV. En el poema II, en la quietud
del espacio retratado de pronto “… el orgasmo
se humilla ante el sagrario, / y el cura, humilde,
atormentado, /oculta la ilusión de su pecado”
(II, Provincia, 1959) Mientras, en el poema IV
se congura las guras conocidas de la zona
desde una perspectiva más íntima, desde el
secreto a voces: “Los locos dan la tónica de las
tibias mañanas: / un capitán mendigo, la sobrina
de Prado, / y, con su Cristo insensato, la beata
eminente / quien a curas marchitos perdonó sus
pecados./ / procesión/ Un cura vasto
gime/ una oración al Cristo avergonzado” (IV,
Provincia, 1959).
Este mundo matinal y religioso se combina
con otros motivos como el cementerio colonial,
la iglesia como edicación dominante y las
costumbres del pueblo. Tiene una visión telúrica,
muy asociada al lugar, la tierra, el misticismo,
la omnipresencia del Dios cristiano en los ritos
y costumbres. El yo poético observa desde la
sencillez, sin intervenir en el curso de la vida
social, aunque deja traslucir la censura hacia
los actos del “cura” con palabras como pecado,
vergüenza y marchitos.
En Cuzco (1962) se proyecta nuevamente
esta imagen antropológica, incluso diríamos
folclórica, pero siempre embellecida en el
misticismo de la tierra y el espacio milenario.
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2. Intelectualización y alejamiento
En los siguientes poemarios, Dios se convertirá
en un aspecto del que el yo poético se ha alejado
al tiempo que se alejó de la provincia. En estos
textos, al mundo religioso y místico se le suma
la presencia familiar y la carga religiosa de los
padres. Sobre el padre nos dice en la composición
IV de En busca del tema poético: “…Aún queda
mi madre / y alguna misa que no rezo/ por mi
falta de fe” (1960, p. 31)
El poeta, desde una posición introspectiva,
reere a su condición social en la capital, su
condición laboral, familiar, una carencia de
aquello que lo haga especial o diferente. Sobre
la misma intención de escribir se expresa
con desdén: “Ahora que me siento vulgar y
melancólico…”. Se sabe un “incoloro burgués”
cuando compara su tristeza con la de Vallejo en
una Lima de lluvia: “mis angustias se ahogan/ en
mi burdo trabajo” (1960, p. 29).
Su proceso se caracteriza por una
intelectualización, un proceso hacia lo personal
y cognoscitivo. El yo poético se sabe poeta y se
sabe perdido en el anonimato lúgubre: “breve
combinación de inapetencias/ de mi incierta
convicción de poesía” (1960, p.29). Se siente
asociado con otros poetas y, a la vez, se diferencia
de ellos en su desengaño, en su saberse no especial
y no destinado a unirse a los grandes poetas de
la historia. Esta humildad como poeta es uno de
los rasgos más importantes de la obra poética de
Carrillo y se intensicará en una siguiente etapa.
En este sentido, la humildad es una inquietud
que atraviesa la obra de Carrillo. ¿Cómo puede,
un poeta, proceder con humildad? A lo largo de
sus obras, Carrillo expresa que el mismo hecho
de escribir, ser un autor, un intelectual, profesor,
creador o poeta implica cierta soberbia que
permite estar seguro de lo que hace y validar
su posición en el mundo. Carrillo expresa esto
de múltiples maneras: cuestionando la validez
de lo que escribe, la calidad de lo que escribe,
considerando que todo cuanto escribe ya fue
escrito antes o, también, ironizando sobre la
gura del poeta en “Poeta amigo”, “Poemas
sobre su autoría” y “tema poético” (1960).
En “Y a mi edad” cuestiona la poesía como
forma de vida: “Por qué inventamos? /tenemos
todos /deseos de vivir /y una abundancia de
optimismo muerto. /Quiero, pues, templar mi
vida, /labrarme un porvenir, /alegrarme de
inventar mi poesía” (1960, p.35).
Tras explorar sus opciones para inspirar su
poesía, concluye nuevamente en la divinidad
como un observador lejano que posee las
respuestas. “…el cielo surte dolorosa belleza /
y Dios -frío amor- nos desenvuelve /el secreto
de muertas armonías” (1960, p.35). Esta
comparación consigo es la que lo hace armar
por primera vez: “Y la humildad se anida
blandamente/ o es, quien sabe, el temor de haber
pecado.” (Carrillo,1960, p.25).
3. La humildad agustiniana
La comparación con Dios lleva a reexionar
sobre la naturaleza del hombre y del poeta.
Carrillo valora altamente la humildad y
encuentra una duda: ¿hay un punto intermedio
entre la renuncia total a la labor intelectual y la
soberbia de la sabiduría? Así, esta duda se valida
con las observaciones de Agustín de Hipona
sobre el tema en cuestión. En primer lugar,
como intelectuales creemos ser los únicos que
entendemos a cabalidad aquello que predicamos.
Como, por ejemplo, la interpretación “denitiva”
o la “intención” que el autor postula sobre sus
obras. En segundo lugar, para continuar con la
labor, ignoramos o intentamos ignorar nuestras
carencias y limitaciones humanas. Para crear, el
autor debe creer en aquello que puede producir y
ofrecer con calidad. En tercer lugar, la soberbia
nos aleja de la sabiduría a la que inicialmente
deseamos llegar. Dar por sentado y asumir aleja
al autor del perfeccionamiento de la obra. En
cuarto lugar, Cristo es el Dios-hombre y, por ello,
puede ser humilde como hombre, pero perfecto
en su humildad como Dios. Esta contradicción
expuesta en “Cristo se ha llevado…” resalta esta
gran carencia humana, el problema sin salida que
genera nuestra ontología. A esta se suma otra
contradicción, pues el autor es verdaderamente
humilde al aceptar que nunca podría ser tan
humilde como el Dios-hombre y aceptar sus
limitadas naturaleza y agencia.
Agustín plantea explicaciones para la realidad
ontológica del hombre y luego, en otros escritos,
refuerza estas ideas a nivel práctico para prevenir
el desvío por el pecado en el hombre cultivado
que desea llegar o transmitir la palabra sagrada.
Opone la soberbia a la capacidad de percibir las
falencias, la hace responsable de una incapacidad
para transmitir el conocimiento y el camino
seguro a la ignorancia. Agustín escribe sobre
Cristo como el único maestro, el verbo de Dios
hecho hombre, que nos ama y nos humilla (Verdú,
2012, p. 393).
¿Qué postura más coincidente, entonces,
podríamos encontrar en Carrillo? A lo largo
de sus poemarios expone numerosas veces el
cuestionamiento a la soberbia del poeta, del
creador, del maestro. Cita al poema del amigo. El
amigo podría ser cualquier poeta, pero también es
él mismo cuando se ve a sí mismo desengañado.
Pero a la vez, argumenta contra la capacidad del
ser humano de llegar a una verdadera humildad.
Con tal humildad, la de Cristo, no se podría
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escribir ni crear, no habría un paso de fe en
mismo. No habría esperanzas.
4. Conclusiones: Francisco Carrillo en la
tradición poética peruana
El Dios de Los heraldos negros es, probablemente,
el más recordado de entre las alusiones a la
divinidad en la poesía peruana. En el poemario
de Cesar Vallejo, la divinidad está relacionada al
amor, el amor incondicional y sus expresiones en
provincia, mientras que la gura de Cristo es la
contraparte que se asocia al cuerpo y la sangre,
la parte física de la divinidad. Esta anatomía
cristológica resulta en un binomio entre el alma y
el cuerpo (Turner, 2017, pag.172- 175).
Vallejo se reere también a un Dios lejano que
deja el destino de los hombres al azar. Para Gómez
(2004), Vallejo presenta un Dios imperfecto y no
tradicional: el Dios enfermo de “Espergesia”; el
Dios limitado en “Dios”; y el Dios malevolente
en “Los heraldos negros”.
Otro autor que podríamos comparar con
Carrillo en este aspecto es Antonio Cisneros. La
obra de Cisneros vincula lo religioso a lo social.
Para Villanueva, en Crónica del Niño Jesús de
Chilca, el mensaje o la presencia divina impone
una creencia en el bien y el bien común de
manera análoga a la Teología de la Liberación de
Gutiérrez, que inuiría en un “tercer Cisneros”
(Villanueva, 2015, p.263).
Para Salazar (2015), tanto César Vallejo,
como Jorge Eduardo Eielson y Blanca Varela
maniestan distintas formas de pensar a Dios
desde la posmodernidad y como parte de la
pregunta por el fenómeno religioso y la necesidad
de creer. En contraste, Carrillo mantiene la
sacralidad asociada al pueblo y lo telúrico y, si
bien cuestiona sus creencias, esto va formándose
en los siguientes poemarios, para luego regresar
con que Cristo se ha llevado toda la humildad del
mundo.
En este aspecto, Carrillo maniesta una
evolución con respecto a la intelectualización del
poeta, pero regresa al catolicismo y las bases de
su doctrina (fe, esperanza, caridad, humildad),
pues se sabe capturado por ellas como punto de
referencia para la reexión. Asimismo, reeja
también a Agustín de Hipona al identicar la idea
de lo divino como la mayor belleza y perfección,
así como la polarización entre la realidad
ontológica del hombre y la de Dios.
Esta polarización entre Dios y el hombre
solo se ve en Vallejo cuando señala que “si
Dios fuera hombre”. En contraste, Carrillo no
cuestiona a Dios en su poesía, cuestiona a los
hombres, cuestiona la realidad en la que están
atrapados y cuestiona, de forma muy explícita,
a quienes pecan en su papel de sacerdotes. No
hay posibilidad de rebelión: “Más la mano de
Dios/ en las mañanas, / con su dulce vigor/ nos
acobarda.” (Carrillo, 1965, p.55)
En síntesis, la propuesta de Carrillo es una de
toma de la tradición (con reservas) de aquello que
le deslumbra y lo que le preocupa. Es constante
en la autocrítica y la sátira del poeta, empezando
por sí mismo.
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