Un punto de vista sobre la corrupción
A point of view on corruption
Humberto Porras Vásquez
1
1
Universidad Nacional Agraria La Molina, Lima, Perú. Email: hporras@lamolina.edu.pe
Recepción: 28/03/2020; Aceptación: 15/06/2020
“Todo esto no es más que un grano de arena puesto
en el libre camino de nuestra inteligencia”.
Shakespeare: Hamlet
Resumen
La corrupción es uno de los problemas más importantes que tiene el Perú. Se dene la corrupción
como la apropiación de los bienes públicos. En este contexto, el historiador Alfonso Quiroz ha
publicado “Historia de la corrupción en el Perú”. Sin embargo, no distingue entre un Estado moderno
y un Estado patrimonial. En el primer caso existen los bienes públicos, en el segundo caso existe el
patrimonio del Señor; este distribuye prebendas para crear una clientela y para tener más poder. Se
discute acá la distinción entre ambos. Cuando se funda la República empieza desarrollarse un Estado
moderno, pero la práctica política patrimonial sigue funcionando. Por otro lado, se trata de esclarecer
por qué la tolerancia a la corrupción sigue existiendo.
Palabras clave: Corrupción, Estado patrimonial, Estado moderno.
Abstract
The corruption is one of the more important problems in Peru. It has dened as the misappropriation
of public incomes. In that context. The historian Alfonso Quiroz had published “History of Peru’s
corruption”. However, he does not distinguish between modern State and patrimonial State. In the rst
case, exists the public wealth, on the other hand, there are the Lord’s wealth. They grant privileges to
have clientele to have more power. We discuss the dierences both of them. When the Republic was
found and become the modern State, but the patrimonial practices went along. On the other hand, we
try to know why the corruption tolerance is still pertinent questions.
Keywords: Corruption. Patrimonial State, modern State.
Revista Tierra Nuestra
ISSN 1997-6496 (Versión electrónica)
Website: http://revistas.lamolina.edu.pe/index.php/tnu
© Facultad de Economía y Planicación, Universidad Nacional Agraria La Molina, Lima, Perú.
Tierra Nuestra, 14(1):77-92(2020)
Forma de citar el artículo: Porras, H. 2020. Un punto de vista sobre la corrupción. Revista Tierra Nuestra 14(1):77-
92(2020).
DOI: http://dx.doi.org/10.21704/rtn.v14i1.1505
Autor de correspondencia (*): Porras, H. Email: hporras@lamolina.edu.pe
© Universidad Nacional Agraria La Molina, Lima, Perú.
Un punto de vista sobre la corrupción
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Enero - Junio 2020
Introducción
La corrupción, durante las últimas décadas en
el Perú, empieza a ser considerada como uno de
los problemas más importantes que deberían ser
superados para transitar por la ruta del desarrollo.
En la mentalidad popular es frecuente escuchar
decir: “roba, pero hace obra; peor es que robe
y no haga nada”. Esto ha sido interpretado
como una muestra de nuestra tolerancia a la
corrupción. Sin embargo, desde mi punto de
vista, lo importante estaría en tratar de establecer
los orígenes de estas ideas y su permanencia en el
imaginario colectivo. Otro aspecto del problema
aparece en varias encuestas que las compañías
respectivas han venido desarrollando; todas las
exploraciones dan cuenta de diversos porcentajes
en la percepción del problema, pero no dan
cuenta acerca del origen de estas percepciones y,
sobre todo, no existen deniciones más o menos
rigurosas sobre lo que se entiende por corrupción.
Si los investigadores que recogen y procesan
la información no establecen con claridad sus
criterios sobre lo que consideran corrupción,
entonces, es difícil establecer correlaciones
estadísticas sobre un fenómeno que no se dene
con rigurosidad.
En el Perú, en los ámbitos académicos, la
publicación del libro del historiador Alfonso
Quiroz
1
, marca un antes y un después en los
estudios sobre el tema de la corrupción. El
enfoque histórico es impecable, pero tengo
reparos desde el punto de vista sociológico.
Estas observaciones son el objeto de tema del
presente documento y lo haré explícito más
adelante. Antes de Quiroz, quien se interesó por
este problema, cabe destacar al diputado aprista
Héctor Vargas Haya, quien presidió la comisión
investigadora sobre el contrabando del Congreso
durante el primer gobierno de Belaunde; y, fuera
del congreso, durante el régimen de Velasco,
fue un acucioso investigador de este problema,
publicó varios libros al respecto, sostuvo que
Velasco dio el golpe de Estado para tapar el
escandaloso contrabando que los institutos
castrenses realizaban a través de los bazares
militares, cuando Velasco era presidente del
Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Se
volvió un elemento incómodo para sus propios
compañeros de partido porque sostuvo que
también habían participado en estas actividades
ilegales, nalmente fue expulsado del APRA y
prosiguió su campaña a través de un canal de
televisión de señal abierta, aunque con escasa
audiencia.
Según Quiroz, la corrupción ha sido soslayada
a pesar de que es una constante cultural o un
1
Quiroz, Alfonso (2013). Historia de la Corrupción en el
Perú. 2ª edición. Lima IEP.
legado institucional inevitable. En su estudio se
muestra la importancia histórica de la corrupción
en el Perú y se la puede rastrear desde la
época colonial. Su enfoque muestra múltiples
aspectos y está presente en la larga duración.
Trata de establecer los nexos entre los ciclos de
corrupción y el desarrollo frustrado del país. Su
estudio permite explicar una variable importante
sobre nuestro subdesarrollo. La corrupción
se encuentra inserta tanto en las dimensiones
económicas como en las dimensiones políticas.
Dene a la corrupción de la siguiente manera:
“Para los nes del presente trabajo, la
corrupción se entiende como el mal uso del
poder político-burocrático por parte de
camarillas de funcionarios, coludidos con
mezquinos intereses privados, con el n de
obtener ventajas económicas o políticas
contrarias a las metas del desarrollo social
mediante la malversación o el desvío de
recursos públicos, junto con la distorsión de
políticas e instituciones”
2
.
En la denición se menciona un elemento
que creo que es importante, el concepto de
“poder político burocrático”. Es por este lado,
por lo burocrático, por donde centraré mi
argumentación. Por otro lado, se mencionan
metas de “desarrollo social”; aspecto que no
están presentes en todas las épocas. Es cierto
que es un fenómeno amplio que incluye tanto
actividades públicas como privadas. Por esta
razón, se maniesta de diferentes maneras. Los
agentes corruptos debilitan los esfuerzos para
mejorar las condiciones de vida de amplios
sectores sociales. El fenómeno está presente en
todas las sociedades y civilizaciones desde la
aparición de los Estados. Algunas sociedades
han tenido éxitos parciales en poner freno a los
actos corruptos; pero ninguna la ha eliminado
totalmente.
Según Quiroz, los historiadores han sido
particularmente reacios a estudiarla porque,
dado que es una actividad clandestina, las
fuentes que puedan documentarla son difíciles
de encontrarlas o no son conables. En contra
de la cautela de los escépticos, existen diversas
fuentes para estudiarla si se tiene la suciente
perspectiva metodológica.
Algunos historiadores son muy prudentes y
sostienen que el estudio de la corrupción está
sujeto al relativismo. Esto quiere decir que lo
que una cultura dene como corrupción, no lo
es para otra. Así, la percepción de la corrupción
estaría sujeta a los vaivenes de la interpretación.
Otros, consideran que los actos corruptos deben
de ser probados judicialmente; sin embargo, la
prueba judicial no es igual a la prueba histórica.
2
Op. Cit., p. 30.
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Porras, H. / Tierra Nuestra, 14 (1):77-92(2020)
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Mi explicación se enmarcaría como una posición
relativista; aunque, considero que previamente
deben esclarecerse algunos conceptos que serán
expuestos más adelante.
También arma –por otra parte- que existen
diferentes puntos de vista sobre la corrupción.
Así, los relativistas históricos y antropológicos
con frecuencia asumen que la corrupción pre-
moderna permitió el funcionamiento y la
estabilidad de los grupos emergentes (los grupos
“emergentes” surgen por determinadas coyunturas
históricas de cierta bonanza económica y de
realismo político). Según Quiroz, la valoración
del “patronazgo” y el “clientelismo” han sido
tratados con mucha indulgencia. Desde mi punto
de vista, no se trata de ser indulgentes o no
indulgentes con la corrupción, se trata de ensayar
enfoques alternativos ante los hechos corruptos.
Quisiera destacar que habla de una corrupción
“pre moderna” y que, por tanto, no puede ser
igual a la moderna.
Hay un enfoque culturalista, según el cual,
la cultura explicaría los diferentes niveles de
corrupción. Así, las regiones católicas del
sur serían más corruptas que las del norte
protestante. Estos enfoques no explican los
intereses y factores institucionales subyacentes
en la corrupción. Así, entre 1960 y 1980, durante
la Guerra Fría, la “política real” de las potencias
aceptaba la corrupción como algo inherente a los
sistemas políticos menos desarrollados.
Por otro lado, desde la perspectiva marxista
se asocia la corrupción con el capitalismo y la
dependencia externa. Desde esta visión, las élites
establecieron su dominio mediante prácticas
corruptas. Esto implicaría que, venderse al
imperialismo parece ser la única forma de existir
y crecer económicamente. Sin embargo, estos
enfoques no explicarían los efectos contrarios
de la corrupción contra el desarrollo, que se han
presentado también en los regímenes socialistas.
En este estudio se considera que la corrupción
en gran escala, o sistemática, ocurre cuando no
existen los pesos y contrapesos apropiados para
reducir los costos de las transacciones (estas
son características de las sociedades modernas).
Desde esta perspectiva, la falta de disuasivos
adecuados impide contener los comportamientos
corruptos. Las instituciones débiles favorecen
a la corrupción. Sin embargo, en todas las
instituciones hay elementos favorables y
determinismos históricos que son, o favorables
al crecimiento de la democracia, o favorables al
crecimiento de la corrupción.
Los grupos de presión y los grupos de
interés pueden explicar la búsqueda de un trato
preferencial; esto también vale para explicar
el estancamiento de las reformas y la lucha de
las redes de corrupción por capturar al Estado
o inuirlo para beneciarse con ello. Pero, esto
supone –nuevamente- el escenario de un Estado
moderno.
Los costos de la corrupción pueden ser
directos, indirectos e institucionales, dependen
de los modos predominantes de corrupción. Estos
modos evolucionan y se adaptan a los tiempos.
En el Perú se pueden encontrar tres modos
predominantes: a) corrupción ligada al poder
ejecutivo; b) las corruptelas de los militares en la
compra de armas y equipos; c) el manejo irregular
de la deuda pública y privada. En los últimos
tiempos se da cuenta de otra modalidad más
efectiva: la utilización de diversos mecanismos
para asignar las licitaciones para obras públicas.
Cualquiera sea la modalidad, es posible observar
ciclos de corrupción que son característicos de
cada periodo. Además, hay que distinguir entre la
corrupción sistemática y la corrupción percibida.
La corrupción percibida se alimenta de la
desconanza, ésta es fruto de la experiencia, de
la información obtenida en la vida cotidiana;
por ejemplo, funcionarios estatales, de diversos
niveles, que muestran repentinos signos exteriores
de riqueza, información que circula cuando los
beneciarios de la corrupción hacen alarde de
sus vinculaciones provechosas que les da acceso
a los niveles de decisión. Todo esto se convierte
en parte de lo que llamamos el “sentido común” y
nos conduce a “naturalizar” el problema, es decir,
considerarlo como hechos normales, cotidianos y
probablemente generalizados. Situación que nos
puede conducir a ser tolerantes con la corrupción,
bajo el supuesto de que es un problema que es
difícil de erradicar.
Entonces, ¿es un problema sin solución?
Desde mi punto vista, eso depende de la manera
de cómo se plantea el problema. Hasta ahora,
cualquiera sea el enfoque, se distinguen dos
elementos: a) el poder puede servir también para
lucrar; b) los controles establecidos resultan
inecaces. Desde luego que se requiere de un
enfoque histórico, pero falta –como lo mencioné
en líneas anteriores- un enfoque sociológico.
¿Qué se entiende por sociológico? Signica que
se debe explorar cómo el desarrollo histórico ha
ido formando una estructura de comportamiento,
una conguración social que se nutre de normas
y valores favorables a la tolerancia de la
corrupción. Para ello, se debe distinguir el tipo
de Estado, y su relación con los súbditos, donde
esta conguración se fue desarrollando como un
sentido común.
Patrimonialismo
Las diversas deniciones del Estado toman
en cuenta algunas características generales:
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a) Relación de autoridad-subordinación, b)
Ejercicio monopólico de la violencia por la
autoridad, c) Un orden jurídico, d) Relativa
permanencia, e) Una dimensión institucional.
El Estado está conformado por tres elementos:
a) Territorio, b) Población, c) Autoridad; la
autoridad se ejerce a través de normas jurídicas
y un aparato administrativo
3
. Todos los Estados
no son iguales, una clasicación importante
distingue entre Estado moderno y tradicional.
Una denición común sobre la corrupción es
considerarla “como el robo del dinero público”
4
.
En mi opinión, aquí se encuentra la confusión:
solo es público en el Estado moderno. En todos
los casos anteriores, el dinero, las propiedades,
los títulos nobiliarios y otros bienes que dan
prestigio y poder, pertenecen al patrimonio
del Señor. Por ello, es necesario esclarecer el
concepto de “patrimonialismo” y las modalidades
que presente. En todos los casos, el acceso a los
bienes anhelados requiere de tener acceso, o ser
parte, de la estructura de poder y para esto se
necesita ya sea la cercanía al Señor o pertenecer
al cuadro administrativo, a la burocracia.
Con frecuencia, cuando se estudia una guerra
o una forma de dominación de clase se da por
su supuesto que el triunfo o la derrota en los
combates dependen de los planes, de la estrategia,
la táctica de los generales y su cuadro de ociales.
Pero, no se toma en cuenta que los planes y la
estrategia se implementa a través de esos cuadros
de ociales, a través de una cadena de mando
que cumplen órdenes y competencias más o
menos delimitadas. Son importantes el tipo de
armamento, el entrenamiento recibido, la forma
en que se cumplen las disposiciones en medio de
la lucha, el miedo como limitante para cumplir
los objetivos, la coordinación de los servicios en
que está organizado un ejército y otros factores.
Todo esto nos muestra que se trata de una forma
de administración. Los soldados pueden luchar
por ideales abstractos como sucede en los Estados
modernos, donde se lucha por la patria y la
recompensa serán medallas y reconocimientos, o
pueden ser ejércitos mercenarios que pelean por
la paga, o ejércitos de esclavos que esperan la
generosidad del Señor, quien los recompensa con
parte de su patrimonio.
3
a) Miró Quesada Rada, Francisco (1986). Ciencia Política.
(Manual y Antología). Lima: Librería Studium, capítulos
III y IV; b) Munné, Federico (1971). Sociología Política,
en “Grupos, Masas y Sociedades. Introducción sistemática
a la sociología general y especial”. Barcelona: Editorial
Hispano Europea, pp. 403-427; c) Sartori, Giovanni (1992).
Elementos de teoría política, Madrid: Alianza Editorial; d)
Silva Santisteban, Luis (1986). Fundamentos de ciencia
política, Lima: Universidad de Lima. Todos estos enfoques
se reeren al Estado moderno.
4
Páez, Ángel (2019). Historia de la corrupción. Lima: La
República, 1 de noviembre de 2019, p. 11
En cuanto a una forma de dominación de clase,
parecería que no funciona con los requisitos
anotados al referirnos a una guerra. Sin embargo,
solo funciona cuando, tanto los dominadores,
como los dominados, comparten ideas comunes
que permite “naturalizar” las relaciones que son
conictivas por denición. La dominación de
clase requiere la aceptación de los dominados,
desde luego que está implícito el uso de la fuerza;
pero lo más importante, en lo cotidiano, se requiere
de un cuadro administrativo que permita que el
modelo funcione. El cuadro administrativo es
indispensable para que, en lo cotidiano, canalice
los recursos, garantice la obediencia y diluya o
canalice el conicto hacia otras esferas. El empleo
de la fuerza sería el último recurso, lo importante
es lograr la aceptación de la dominación y esto
se logra mediante un cuadro administrativo.
Claro que, para que funcione cualquier forma
de dominación se requiere de una especie de
“pegamento” que regule el potencial conicto; a
esto se le denomina “Ideología”.
Basándome en las ideas de Max Weber
5
,
quien sostiene que en la estructura patriarcal
de la dominación no se sirve a una “nalidad”
impersonal, ni se obedece a las normas abstractas
del Estado moderno, sino a una devoción personal.
El sociólogo alemán arma que el dominio se da
primero dentro de una unidad doméstica, que la
autoridad, sin embargo, igual que en la dominación
burocrática, tiene un “carácter cotidiano”. Que
los que están sometidos a un poder obedecen a
normas. Así, la dominación tradicional se basa en
la “tradición”. Es la sumisión a un señor la que
otorga legitimidad a las normas. A continuación,
un resumen de las principales ideas de este autor.
Para este sociólogo alemán existen diversas
modalidades del poder doméstico, su fundamento
objetivo era la homogeneidad de la comunidad
perenne de vivienda, manjares, bebidas y útiles
cotidianos. En todos los casos se basaba en el uso
y, la infracción sin motivo, producía descontento
entre los sometidos y provocaba la condena social.
Esto quiere decir que del poder doméstico surge
la dominación patrimonial. Después, se difunde
la versión de que los dioses han establecido los
antiguos usos, y así queda legitimada.
La comunidad doméstica se descentraliza al
ofrecer a los hombres no libres una posesión con
vivienda propia y familia propia, se les da ganado
y utensilios. Esta evolución del oikos debilita
al poder doméstico. Las relaciones internas y
externas entre el señor y sus dependientes se
regulan de acuerdo al interés del jefe y con la
estructura interna del poder. Esta sigue siendo una
5
Weber, Max (1984). Dominación Patriarcal y patrimonial.
En “Economía y Sociedad”. México: Fondo de Cultura
Económica, pp. 753-809.
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relación basada en la piedad y en la delidad. Pero
esta relación hace surgir siempre el pedido de los
sometidos a una reciprocidad, la cual adquiere
un reconocimiento social como “uso”. El señor
les debe algo a los sometidos, no jurídicamente,
sino de acuerdo con los usos. El dominio no
persigue las ganancias, sino la satisfacción de
las necesidades del señor. La costumbre obliga al
sometido a ayudar al señor con todos los medios
disponibles, inclusive en caso de guerra.
“A este caso especial de la estructura
patriarcal de dominación, al poder doméstico
descentralizado mediante reparto de tierras y
a veces de peculio a los hijos o a otras personas
dependientes del círculo familiar damos aquí
el nombre de dominación patrimonial
6
.
En las relaciones patrimoniales, los límites
fácticos de la arbitrariedad del señor se originan en
los usos. A ello se agrega el poder “santicador”
de la tradición. Contribuye a esto el temor ante
los poderes religiosos, que deenden siempre
la tradición. Cuando se atacan estos intereses
contra la distribución tradicional de los deberes
y derechos, pueden afectarse gravemente los
intereses económicos. El individuo es impotente
ante esta situación. De esta manera, el orden
jurídico puede volverse totalmente inestable,
pero se apoya en la tradición.
El ordenamiento que el señor establece
no es obligatorio para él. Este ordenamiento
hace que los súbditos se conviertan en simples
compañeros de intereses. Las disposiciones se
establecen por los “tribunales de la corte” con
la participación de los sometidos. Las relaciones
patrimoniales mediante la tradición, conducen
a la desintegración del patriarcalismo puro. De
aquí surge una forma de dominación dependiente
de la tradición: el señorío territorial. Esto vincula
al señor y al poseedor de la tierra con lazos
unilaterales insolubles.
“El Estado de los incas y especialmente el
Estado de los jesuitas en el Paraguay eran
organizaciones típicamente señoriales. Pero
las posesiones del soberano administradas
directamente en forma de señorío territorial
constituyen regularmente sólo una parte de
su jurisdicción política, a la cual se agregan
además otros territorios no considerados
directamente como dominio del soberano,
sino únicamente dominados por él desde el
punto de vista político”
7
.
6
Ob. Cit., p. 758.
7
Ob. Cit., p. 759. En el caso de los Incas, John Murra
considera que su organización respondía a dos principios: a)
la reciprocidad; b) la verticalidad. La posible discrepancia
de estos enfoques estaría en que Murra subraya que
tanto a nivel de la comunidad como a nivel del Estado
se dan relaciones de intercambio recíproco de igualdad
y asimétricas. Véase: Murra, John (1975). Formaciones
La organización estatal-patrimonial se da
cuando el soberano organiza de modo parecido
a su poder doméstico el poder político. En
este poder no puede usar, como en el poder
doméstico, la fuerza física. Casi todos los grandes
imperios continentales, hasta los inicios de la
época moderna, presentan rasgos patrimoniales
bastantes claros.
La administración patrimonial se adapta a
las exigencias personales del señor, como su
hacienda privada. El dominio político -el dominio
de un señor sobre otros no sometidos al poder
doméstico- signica una agregación al poder
doméstico de diferentes relaciones de señorío,
las que sociológicamente, solo dieren de grado
y, de contenido, pero no de la estructura misma.
Los poderes judicial y militar son ejercidos de
modo ilimitado por el señor sobre los que le están
patrimonialmente sometidos.
Así, el príncipe patrimonial procura
normalmente defender su poder sobre los
súbditos políticos mediante tropas que deendan
sus intereses y creadas para este n. Una forma de
ejército fue la tropa de esclavos independientes
del cultivo de la tierra. Estaban completamente
vinculados al señor y su familia. Cuando se
les cedió tierras se transformaron en un factor
que fomentó la feudalización de la economía
monetaria.
El empleo de mercenarios no implicaba
necesariamente el pago en dinero. En la
antigüedad se daba el pago en especie, pero lo
más importante fue el pago abonado en metales
preciosos. Esto exigía que el príncipe tuviera un
tesoro para abonar estos pagos. Para ello, debía
de existir una economía monetaria. Esta fue, en
oriente, la forma racional de dominación. En
occidente, los signori de las ciudades italianas,
los antiguos tiranos y los monarcas “legítimos”
defendieron su poder mediante tropas
mercenarias.
Otra modalidad fue la del príncipe patrimonial
que se apoyó en sus colonos que recibían en
préstamo lotes de tierra que, en vez de servicios
económicos, prestaban servicios militares y
disfrutaban de otros privilegios económicos.
Estos privilegios también estaban a disposición
de otros señores patrimoniales no reales.
Desde luego que han existido múltiples formas
intermedias entre el ejército patrimonial puro y los
ejércitos basados en el equipo y el abastecimiento
económicas y políticas del mundo andino. Lima: IEP. Por
otro lado, diversos cronistas mencionan que el Inca, cuando
iniciaba una campaña militar, convocaba a los curacas y les
regalaba tierras, tejidos y mujeres; estos bienes pertenecían
al patrimonio del señor y la distribución de los mismos,
obligaba a cumplir servicios militares, se recurría así, a la
reciprocidad.
Un punto de vista sobre la corrupción
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Enero - Junio 2020
de sus componentes por sí mismos (sería el caso
de la hueste perulera). Con la entrega de tierras en
préstamo se traspasaba los gastos de armamento
y sustento de los soldados, con ello disminuye el
poder de disponer libremente de ellos.
“…el señor político patrimonial se halla
normalmente vinculado a los dominados por
medio de una comunidad consensual que
existe también independientemente de un
poder patrimonial autónomo y que descansa
en la convicción de que el poder señorial
ejercido tradicionalmente constituye el
derecho legítimo del señor. Por consiguiente,
el hombre dominado ‘legítimamente’ en este
sentido por un príncipe patrimonial deberá
llamarse aquí ‘súbdito político’”
8
.
El señor recluta a sus funcionarios entre
sus esclavos y siervos. Obedecen de modo
incondicional, pero rara vez constituyen una
administración política. Algunas circunstancias
obligan a reclutar funcionarios extra
patrimoniales. El señor ha tenido interés en
tenerlos en la misma forma en que se encuentran
los hombres no libres. La posición ocupada por
los ministeriales se estereotipó cuando el señor
promulgó ordenanzas y creó un “derecho de
servicio”, vinculado a él en calidad de compañeros
de una comunidad jurídica. Estos monopolizaron
los cargos y establecieron principios jos para
admitir a personas extrañas.
Estos funcionarios forman una agrupación
estamental cerrada con la que tenía que pactar
el señor. El señor no puede sustituir a los
ministeriales adscritos a su servicio sin un previo
juicio; un juicio con un tribunal compuesto de
ministeriales. Estos exigen que sean elegidos de
acuerdo con el parecer de este grupo. El señor
tiene que aceptar el parecer de sus consejeros.
Estos conforman el “consejo” y está formado
por los más altos feudatarios, o por los notables,
por los representantes de los estamentos. Los
señores buscaron liberarse de estos monopolios
y la estereotipación de funciones les facilitaba
liberarse de estos monopolios.
“La estereotipación y la apropiación
monopolizadora de los cargos por sus
titulares ha creado el tipo estamental del
patrimonialismo” […] “Con la progresiva
racionalización y distribución de funciones,
especialmente con el desarrollo de la escritura
y con el restablecimiento de una tramitación
metódica, los funcionarios patrimoniales
pueden asumir rasgos burocráticos. Pero en su
naturaleza sociológica, el cargo patrimonial
es tanto más diferente del burocrático cuanto
más puro sea el tipo de cada uno de ellos”
9
.
8
Weber, M. Ob. Cit., p. 766
9
Op. Cit., p. 773.
El cargo patrimonial no distingue entre la
esfera privada y la pública. Esto es así porque
la misma administración política es considerada
como algo personal por el soberano. La posesión
y el ejercicio del poder son estimados como una
parte de su fortuna personal. Por ello, la forma
de ejercer el poder siempre depende del libre
albedrío del señor, siempre que no se interponga
alguna restricción tradicional. El capricho
personal del señor dene las competencias de los
servidores.
“Solo los derechos señoriales opuestos
entre sí dan lugar a delimitaciones
estereotipadas y, por lo tanto, a algo parecido
a una ‘competencia determinada’. Pero en
los funcionarios patrimoniales esto es una
consecuencia de considerar el cargo como
un derecho personal del funcionario y no,
según ocurre en el Estado burocrático, una
consecuencia de intereses objetivos: de la
especialización y de la aspiración a garantías
jurídicas de los dominados”
10
.
Los funcionarios patrimoniales, sobre todo
los de mayor rango, acostumbran a comer en la
mesa del señor, aun cuando dicha mesa ha dejado
de ser su sustento principal. La separación de
los funcionarios de este grupo íntimo signica
el aojamiento del poder inmediato del señor.
A partir de aquí se fue desarrollando, para los
funcionarios patrimoniales con hogar propio,
la provisión de sus necesidades mediante una
prebenda o de un “feudo”.
La prebenda signica el reconocimiento de
un “derecho jo en el cargo”. Esta apropiación
ha sufrido diversos cambios. En Egipto, Asiria y
China fue una porción vitalicia procedente de los
depósitos del señor. Al disolverse la mesa común
nace la congrua que, a veces, se convierten
en objetos de comercio. La segunda clase de
prebenda son los emolumentos: los benecios
por el cumplimiento de tareas. Esta clase
establece una separación entre los funcionarios
y la hacienda del señor; se basa en ingresos de
origen extrapatrimonial.
Otra clase de prebenda es la asignación de
tierras, modelo próximo al “feudo” y signica
una mayor independencia frente al soberano.
Esto surge por el deseo de formar familia e
independizarse. Se trata de aligerar la mesa del
señor conforme crece el número de comensales
y por el carácter oscilante de sus ingresos. El
Estado burocrático-patrimonial se desarrolla en
base a prebendas.
El señor que concedía la prebenda no lo
hacía, por lo general, de manera vitalicia. El
señor quería seguir participando de las ganancias
10
Ibídem, p. 774.
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producidas por esta cesión del cargo y, por ello,
jaba algunos principios a este efecto. Esto
sucedió con los encomenderos españoles en el
Perú. La encomienda era el premio por haber
conseguido un reino para la corona española;
pero, encomendaba vasallos y no las tierras y
la costumbre establecía que el derecho durara
solo de dos a tres vidas, los encomenderos se
rebelaron porque la corona no accedió el derecho
a perpetuidad.
Los tesoros del soberano, sobre todo los metales
preciosos permiten remunerar los servicios
prestados por el funcionario y de esto depende
el fundamento de la autoridad patrimonial.
Toda la apropiación de prebendas signica en
el patrimonialismo, no una racionalización sino
una estereotipación. Los funcionarios que se
hallan en posesión de prebendas por medios de
apropiación podían limitar la esfera de dominio
del señor, frustrar los intentos de racionalización
en la administración.
Conforme progresa la apropiación de cargos
el poder político del señor se desintegra en un haz
de derechos señoriales particulares, que coneren
privilegios especiales y diferentes límites que,
una vez denidos, no pueden ser variados por el
señor sin una fuerte resistencia por parte de los
beneciarios. Es una organización que se resiste
a toda reglamentación abstracta. Por otro lado,
en donde no ha ocurrido la apropiación del cargo
predomina la arbitrariedad.
“La organización política patrimonial no
conoce ni el concepto de ‘competencia’ ni el
de la ‘autoridad’ o magistratura en el sentido
actual de la palabra, especialmente a medida
que el proceso de apropiación se difunde”
11
.
El ejercicio del poder es un derecho señorial
personal del funcionario. Fuera de los límites de
la tradición él decide según su albedrío personal.
Las relaciones entre el príncipe sobre los
funcionarios han sido estereotipados en derechos
corporativos. La costumbre, de hecho, es decisiva
para las relaciones de poder. El príncipe busca
asegurar, con diversos procedimientos, la unidad
de su dominación y la protege de la apropiación
de los cargos por parte de los funcionarios y sus
herederos. Esto lo logra mediante el recorrido
frecuente de sus dominios. Sin embargo, esta
posibilidad no existía en las colonias españolas.
Por la extensión de sus dominios y por la lejanía,
los monarcas enviaban visitadores, funcionarios
que actuaban por encima del poder de los virreyes
y defendían las atribuciones de los monarcas.
En otro capítulo de su extensa obra, Weber
12
11
Ibídem, p. 784.
12
Weber Max (1984). Feudalismo, Estado estamental y
patrimonialismo. En “Economía y Sociedad”. México:
FCE, pp. 810-847.
analiza la relación entre feudalismo, estamento
y patrimonialismo. Así, considera al feudalismo
como una modalidad del patrimonialismo. El
feudalismo es un caso límite de la estructura
patrimonial, sobre todo en lo referente a las
relaciones entre los señores y los vasallos. La
gran economía patrimonial en el estadio del
militarismo caballeresco origina las relaciones
de delidad feudales.
En las campañas militares contra territorios
extranjeros muy lejanos de un Imperio no se
realizan mediante la leva de campesinos, del
mismo modo, una leva de ciudadanos no puede
sostener grandes expansiones ultramarinas,
como la conquista de América, por ejemplo.
En un ejército feudal aumenta la calidad y
la uniformidad de los armamentos. A esto se
agrega el sentimiento del honor estamental. Los
hombres encuentran en el honor del príncipe su
propio honor.
“La burocracia, lo mismo que los
funcionarios puramente patrimoniales, se
basan en la ‘nivelación’ social en el sentido
de que, en su tipo puro, solamente exigen
capacidades personales –la primera, de
carácter objetivo y especializado; los
segundos, de carácter puramente personal-
y hacen caso omiso de toda diferenciación
estamental”
13
.
El feudalismo signica una “división
de poderes”, de tipo cualitativo y de tipo
cuantitativo. También la idea del “pacto” político
como base de la distribución política de poderes.
No un pacto entre el señor y los representantes
de los dominados, sino de un pacto entre el
señor y los representantes del poder procedente
de él. Así queda jada la forma y la distribución
de los poderes señoriales. La jerarquía feudal
no depende de los poderes ejercidos, sino que
depende de la distancia feudal con respecto al
soberano.
Todas las atribuciones y todas las utilidades
de un feudatario eran partes de su esfera jurídica
y económica personal, lo mismos que sus gastos
del cargo eran pagados de manera personal. El
señor solo garantizaba con su poder a sus vasallos
las posesiones feudales. El contenido efectivo
de la relación de delidad se hizo cada vez más
estereotipado y económico, así fue perdiendo su
utilidad práctica como medio de poder.
La organización política patrimonial,
prebendal y feudal es un cosmos, un caos de
privilegios y obligaciones subjetivos determinado
de modo concreto al señor, al funcionario y al
dominado; privilegio y obligación se entrecruzan
y se limitan recíprocamente. Así, el feudalismo
13
Weber, M. Ob, cit., p. 820.
Un punto de vista sobre la corrupción
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Enero - Junio 2020
es el caso límite del patrimonialismo.
Las necesidades fueron motivadas por
circunstancias económicas. Casi siempre fueron
de modo indirecto; las necesidades han surgido
de la administración política y de la militar.
La estructura económica se transforma con el
desarrollo de la economía monetaria, lo cual
obligó a satisfacerlas con los recursos propios
del soberano y de los demás titulares del poder,
quienes tuvieron que pagar sus gastos de su
propio bolsillo. Esta socialización convierte a los
privilegiados en “estamentos” que dan origen a
una organización política estable.
El desarrollo posterior de nuevas tareas de
gobierno ha impulsado a la burocracia real,
dispuesta a disolver al “Estado estamental”.
Esto no ocurrió de modo mecánico, como si
el poder real quisiera suprimir el poder de los
estamentos. Más bien fueron los estamentos que,
como consecuencia del desarrollo económico y
cultural, con nuevas tareas administrativas las que
exigieron la creación de delegaciones apropiadas.
Esto llevaba al aumento de funcionarios y, con
ello, a la ampliación del poder real y, por tanto,
de un renacimiento del patrimonialismo.
Estas nuevas tareas impulsan por todas partes
a la formación de autoridades permanentes y
competencias jas, lo que exigieron aptitudes
especializadas y reglamentos. El paso del cargo
patrimonial al burocrático es muy impreciso y la
pertenencia a una u otra categoría no se determina
por el nombramiento sino por la manera como
se instituyen y el modo en que son regidos. Este
modelo ha surgido solo en el suelo europeo.
“El fenómeno que aquí nos interesa es ante
todo el que, a consecuencia de la creciente
continuidad y complejidad de las tareas de
gobierno, y espacialmente a consecuencia del
desarrollo de las concesiones y privilegios
característicos de las organizaciones
patrimoniales y feudales, así como a
consecuencia de la creciente racionalización
de las nanzas, los funcionarios encargados
de la escritura y el cálculo comienza a
desempeñar un papel cada vez más importante.
La corte en la cual falten tales funcionarios
está condenada a la inestabilidad y a la
impotencia”
14
.
No es mucho lo que puede decirse sobre las
condiciones generales puramente económicas
que originan las organizaciones patrimoniales y
feudales. El predominio de dominios territoriales
reales y nobles, dentro de un sistema feudal, no
es unívoco en todos los feudos. Por ejemplo,
el Estado burocrático chino no se basaba en
señoríos territoriales, sino en una estructura
14
Weber, M. Op. Cit., pp. 827-828.
patrimonial. El patrimonialismo es compatible
con una economía cerrada, con una economía
basada en el cambio, con una estructura agraria
pequeño burguesa o señorial, lo mismo que con
una economía capitalista.
La fuente de la acumulación de la fortuna es
el aprovechamiento de la capacidad tributaria
de los s