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Loayza-Maturrano, F. (2025). Tierra Nuestra, 19(1), 4-14 . DOI. https://doi.org/10.21704/rtn.v19i1.2252
Enero - Junio 2025
se descompone y reconstruye a través de
una mirada que trasciende lo inmediato para
revelar múltiples capas de signicado. En Padre
Homero, la gura de Homero no es solo un poeta
mítico, sino un símbolo de la creación colectiva
y de la imaginación que da forma al mundo
occidental: “No sabemos si era uno o muchos.
Ni siquiera sabemos si existió o lo inventamos”.
Esta ambigüedad fundacional convierte la
cotidianidad de las aldeas mediterráneas —
con sus olores a vino y aceite, el murmullo del
mar— en un escenario mítico donde lo ordinario
se vuelve extraordinario. La polisemia surge de
la capacidad de Vargas Llosa para entrelazar lo
tangible (el chisporroteo de las fogatas, la lira)
con lo intangible (la imaginación incandescente),
generando una percepción que oscila entre la
realidad y la fantasía (McGill, 2016).
En Estatua viva, la percepción cotidiana se
encarna en la voz de una estatua que, a pesar
de su inmovilidad, experimenta el mundo con
una sensibilidad aguda. La estatua observa y
siente los detalles del parque —los perros, los
enamorados, los vagabundos— y los transforma
en una experiencia poética: “Me emociona /
que los enamorados / se besen / y acaricien
/ en la sombra / que proyecto” (Vargas-Llosa,
2016). Esta personicación dota a lo inanimado
de una conciencia que percibe la vida en su
complejidad, desde la ternura hasta la violencia
de los muchachos que la dañan con navajas. La
polisemia radica en la capacidad de la estatua
para ser a la vez mármol y carne, objeto y
sujeto, testigo silencioso y narrador activo, lo
que cuestiona las fronteras entre lo humano y
lo no humano.
3.2. Memoria Identitaria y Fundación
Cultural
La memoria identitaria en ambos poemas se
articula como un acto de reconocimiento de
las raíces culturales que conguran el presente
(Upton, 2008). En Padre Homero, Homero es
presentado como el “inventor del Occidente”,
un abuelo mítico cuya narrativa funda no solo la
literatura, sino la identidad colectiva: “Gracias,
abuelo, / inventor del Occidente. / Qué pobre
sería nuestra historia / sin tus historias”. Esta
memoria no es histórica en un sentido factual,
sino mítica, construida a partir de relatos que
han sobrevivido “de padres a hijos / de pueblo
en pueblo / y de siglo en siglo”. Vargas Llosa
utiliza la gura de Homero para reexionar
sobre el poder de la palabra poética como
depositaria de una identidad que trasciende el
tiempo y el espacio.
En Estatua viva, la memoria identitaria se
maniesta en la voz de la estatua, que encarna
una resistencia al olvido y a la emeridad. La
estatua, consciente de su inmortalidad, se lamenta
de su mudez y su inmovilidad, pero también
celebra su capacidad para preservar la memoria
de los eventos que presencia: “La nostalgia de
la palabra y de la carne / ¿no es vivir?”. Esta
memoria no es solo personal, sino colectiva,
ya que la estatua dialoga con las “hermanas”
que habitan en pinturas, poemas y música,
formando una red de presencias artísticas que
desafían la muerte. La mención de Rubén Darío
en el epígrafe refuerza esta conexión con una
tradición literaria latinoamericana que busca
armar su identidad frente a la modernidad.
3.3. Frontera Escrituraria: Poética narrativa
y crónica de los hechos
La poesía de Vargas Llosa en estos textos se
sitúa en una frontera escrituraria donde la
poética narrativa y la crónica se entrelazan
(Santos, 2016). En Padre Homero, la estructura
del poema adopta un tono narrativo que evoca
la oralidad de las epopeyas homéricas. Los
versos, organizados en estrofas que alternan
entre descripción y reexión, funcionan como
una crónica de la vida del poeta mítico: “Lo
diviso entre sombras y chisporroteo de fogatas, /
en aldeas con olor a vino y aceite”. Esta crónica
no pretende ser objetiva, sino que se nutre de la
imaginación para recrear un pasado que es tanto
histórico como legendario. La poética narrativa
permite a Vargas Llosa construir un relato que,
al mismo tiempo, reexiona sobre el acto de
narrar.
En Estatua viva, la crónica se materializa
en la voz de la estatua, que registra los eventos
del parque con una precisión casi periodística:
“No me molesta / que los perros / me orinen
/ levantando / una pata”. Sin embargo, esta